Judaísmo (5): La elaboración de la Biblia (su génesis y formación)

La elaboración de los libros de la Biblia ha tenido una larga historia, cuya reconstrucción está llena de dificultades. No conocemos las fechas precisas de varios autores, destinatarios, composición, etc.

5 enero, 2024

Llucia Pou Sabate

Colaboraciones

la Biblia

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La elaboración de los libros de la Biblia ha tenido una larga historia, cuya reconstrucción está llena de dificultades. No conocemos las fechas precisas de varios autores, destinatarios, composición, etc. La tradición oral, pues, precede a la escritura y afecta a los mismos textos durante el período de su redacción. Podemos decir que la Torah es la “memoria de Israel puesta por escrito”.

Es el itinerario que va de la memoria al libro, el trasvase espontáneo de la palabra hablada a la escritura, asumiendo esta última la misma autoridad vinculante que la predicación oral. El texto escrito se convierte en el “tesoro” de una comunidad. La mayoría de los textos bíblicos, continuaron siendo leídos, profundizados y reconocidos como “del pueblo de Dios” surgido de la comunidad y dirigido a ella y conservado en la comunidad, especialmente en los ámbitos de la familia, los santuarios y más tarde, el Templo.

Cuenta Eliade Mircea que la tradición oral de la Torah es antiquísima, y que fue poniéndose por escrito poco a poco, con el paso del tiempo. Si históricamente podemos hablar de Abraham como comienzo del relato, luego se van transmitiendo los relatos anteriores, recogiendo los mitos de la creación, el diluvio, la torre de Babel… pero aunque estos relatos sean puestos por escrito en una época posterior, y sean escritos tardíos, el material es arcaico.

Se pueden apreciar varios materiales en la construcción de esas Escrituras: la tradición yahvista (sobre los siglos X-IX a.C.), la eloísta algo más reciente. Junto a esas dos fuentes denominadas según el modo de nombrar a Dios, están la sacerdotal que pone el acento en la regulación de la religión y papel de los sacerdotes, y más en concreto la deuteronómica, que en ese libro resume esa tradición sacerdotal. La composición final de estos libros debe situarse en torno al tiempo del exilio (587-538 a.C.). Esta composición ha recibido la influencia de la reforma religiosa del rey Josías basada en el libro del Deuteronomio (622 a. C.). Las ideas y el estilo deuteronomista han configurado notablemente los seis libros (de Js a 2Re), hasta el punto de que a menudo se habla de estos textos como de la «historia deuteronomista».

La tradición dice que el núcleo fundamental de estos libros se remonta hasta Moisés; de hecho, el propio Moisés habría redactado el texto de la ley que debía conservarse en el arca de la alianza (cfr. Deuteronomio 31, 9) como códice normativo del pueblo hebreo. No se conoce cuándo se inició la recopilación de estos escritos inspirados para formar esta colección de la que quedaban excluidos los demás libros de oráculos, no inspirados. Como fecha en la que ya estaba definitivamente completa se puede citar el año 180 a.C.; cerca de ese año el autor del Eclesiástico (Ecc 46,1-49,15) enumera una serie de personajes para hacer un elogio de los antepasados, y en su enumeración sigue exactamente el orden de esta colección.

Este conjunto de libros fue considerada como dotada de la misma dignidad y autoridad que la Ley; de hecho la fórmula «ley y profetas» se hizo muy habitual para designar las Escrituras.

K´tubim. Esta colección se inicia con la recogida de los Salmos, realizada posiblemente con fines litúrgicos.  Se sabe que el rey Ezequías, de Judá, hacia el año 700 a.C. dio orden de recopilar algunos proverbios de Salomón (cfr. Prov 25, 1), y también reglamentó el canto de salmos de David y Asaf en la liturgia (cfr. 2 Chr 29, 30).

A estas primeras colecciones se fueron añadiendo todas las demás obras sapienciales y didácticas.

Hacia el año 130 a.C. se nombra esta tercera categoría de escritos en el Prólogo del Eclesiástico – escrito por el nieto del autor, poniéndolos a la misma altura que la Ley y los Profetas.

No hay duda de que la colección estaba completa en el siglo II, porque entonces fue terminada la traducción de los LXX en Alejandría,  en la que figuran todos.

Las etapas de formación del corpus de la Torah es:

1) La etapa patriarcal, Génesis, ss. XX-XIX a.C., con los primeros primeros personajes históricos de la Biblia (aunque esté salpicado de mitos). Es una vida nómada, llena de dificultades, con la inconmovible esperanza en las promesas divinas de una tierra y una descendencia numerosa.

2) La etapa mosaica: En torno a los años 1250-1200 a.C. (Exodo, Levítico y Números). Los descendientes de Jacob-Israel, desde José hasta Moisés, con el que pasan de la esclavitud de Egipto a convertirse en el pueblo de Dios. En el Deuteronomio se narra el mensaje de que la historia del pueblo escogido -por la mediación de Moisés- es una liberación que apunta a una alianza. En el decálogo – código moral de este pacto – Yahwéh se presenta como quien libera y salva.

3) La etapa de la Monarquía: Después de 200 años de lucha por la ocupación e la tierra prometida (Josué y Jueces) sigue la larga experiencia de la Monarquía (1000 a 587 a.C.) Se fusionan las tribus en un único pueblo por la intervención del profeta Samuel en tiempos de David (Samuel 2, Reyes 2), la separación de las tribus del Norte (tradición “elohista”) y del Sur (tradición “yahwista”)  a la muerte de Salomón, la caída del reino de Samaria (722 a.C.) y del reino de Jerusalén (587 a.C.). Se destaca el mensaje de su fidelidad al monoteísmo, en el que se incluye el anuncio de las promesas mesiánicas de salvación. Acontecimientos y profecía se convertirán en libros, escritos, espiritualidad y culto. El libro del Deuteronomio se sitúa en la confluencia de tres grandes corrientes que inspiraron y construyeron el alma de Israel: la Tradición mosaica, el Profetismo y la Sabiduría.

4) Etapa del Exilio o cautividad babilónica: en el 587 a.C. cae Jerusalén en poder de los babilonios. Los cincuenta años del exilio van a ser la “época dorada” del libro escrito: seguramente se reescriben los distintos libros, y se redactan los libros de Ezequiel y el segundo Isaías. El pueblo en el exilio siente más vivamente que nunca la santidad de Dios. La fijación de la Toráh desempeña un papel protector y  sirve de vínculo comunitario entre los desterrados. Aparece la importante tradición sacerdotal con la sigla P. que contiene el “Levítico”, la mitad del “Éxodo” etc).

Durante el Período persa (538-333 a C.), va debilitándose el profetismo. Junto a la redacción definitiva del Pentateuco (Génesis, Éxodo, Números, Levítico y Deuteronomio), se redactan las obras  de la literatura sapiencial: el libro de Jonás (nombre de un profeta de la época de Jeroboam II que ahora se “reacondiciona” con la historia mítica del cetáceo), la historia de Rut (en tiempos de los Jueces), el Cantar de los Cantares, Los Proverbios, El Eclesiastés, Job, y el relato de Tobías que se relaciona con los acontecimientos de finales del S. VIII a C.

5) Etapa del judaísmo: Se llama así porque sólo vuelven a Jerusalén y a la “tierra prometida” un resto de los descendientes de Judá (los que formaban el Reino del Sur) gracias al decreto liberador del rey persa Ciro. Viven sometidos a poderes extranjeros: primero a los “seléucidas” (dinastía griega de uno de los generales de Alejandro), y después a Roma, desde el año 63 a C. con la intervención de Pompeyo. A pesar de ello, el pueblo conserva su autonomía religiosa que se vertebra en torno a tres ejes:

a) la lectura en la sinagoga de la Toráh de Moisés y de los escritos proféticos,

b) los nuevos mensajes proféticos de Ageo, Zacarías, Joel, etc, y

c) las reflexiones de los maestros de “sabiduría” que buscan el sentido de la vida humana y el plan divino de la historia. En esta etapa distinguiremos tres períodos: persa, helenístico y macabeo.

Durante este tiempo destacamos:

– Período Helenístico (333-63). Se redactan los libros de las Crónicas, los de Esdrás y Nehemías, y se dan los últimos toques al libro de los Salmos.

– Período macabeo (hacia el 175 a.C.): Se escriben los dos libros de los Macabeos, nace la literatura apocalíptica: libro de Daniel. El libro de época más reciente es Sabiduría (S. I a C., no reconocido por los judíos).

La elección de los libros tuvo su comienzo con Moisés, a quien se considera el autor sustancial del Pentateuco (Toráh), y su redacción definitiva tiene lugar en tiempos de Esdras. Hay unos libros no reconocidos por los judíos, que sí están en el canon cristiano, que los llama deuterocanónicos y son: Tobías, Judit, Sabiduría, Baruc, Eclesiástico, 1 y 2 Macabeos, Daniel  y fragmentos de Ester (están en la traducción griega de los Setenta, que los inserta entre los protocanónicos).

A partir del S. I d C. los judíos de Jerusalén eliminaron algunos libros del canon. ¿Por qué?

Algunos los atribuyen a que después de Esdras no volvió a surgir un “profeta” que ratificase el carácter inspirado de los escritos más recientes, o quizás porque  después de la destrucción de Jerusalén y del Templo (70 d C.) y del fin del sacerdocio levítico, los fariseos tuvieron una hegemonía absoluta y excluyeron algunos libros del canon al no estar escritos en hebreo y sobre el suelo de Palestina, aunque los verdaderos motivos podrían bien ser la hostilidad de los fariseos a la dinastía de los Macabeos, considerada como usurpadora de los derechos de la dinastía davídica, y las controversias con los cristianos, rechazando la versión alejandrina que la Iglesia usaba. La decisión oficial vino en el Sínodo de Yamnia hacia el 95-100 d C. que sacó del canon judío siete libros sagrados. (Los Protestantes en el S. XVI, excluyeron también estos libros de su canon, a los que denominaron “apócrifos”).

Los escritos del Mar Muerto

Los descubrimientos arqueológicos muestran la existencia de escritos bíblicos anteriores al S. X y hasta quizá el S. XII. a. C. Esa literatura está constituida por el Pentateuco (Genesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio); los Históricos (Josué, Jueces, Rut, 1 & 2 Samuel, 1 & 2 Reyes), y por muchos documentos y libros anteriores, contemporáneos y posteriores a estos. Es de destacar que no se conservan textos muy antiguos; pero sí se conservan de un modo muy superior a otras fuentes literarias, por ejemplo las primeras copias de los textos de Platón, el pensador antiguo más venerado y del que tenemos más textos, son más de 1200 años posteriores a él (con las manipulaciones que pudieran haber hecho).

Así, es importante para ver la no manipulación (identidad) de los escritos bíblicos actuales con los antiguos, el descubrimiento de los manuscritos de Qumram en 1947 en el Wadi Qumrán, junto al Mar Muerto: aparecieron en diversas cuevas, once en total, unas jarras de barro que contenían un buen número de documentos escritos en hebreo, arameo y griego.

Los Manuscritos del Mar Muerto son una colección de textos judíos antiguos que datan de alrededor del siglo III a.C. hasta el siglo I d.C. Incluyen copias de muchos libros del Antiguo Testamento (Tanaj o Biblia hebrea) y otros escritos judíos. Estos manuscritos son importantes porque proporcionan información valiosa sobre la vida y las creencias de una comunidad judía en la antigüedad. Se supone que dejaron de escribirse el año 70 d.C., en que tuvo lugar la destrucción de Jerusalén y que fue cuando se escondieron hasta que un pastor los encontró por casualidad en unas cuevas.

Se han recompuesto unos 800 escritos de entre varios miles de fragmentos, puesto que son muy pocos los documentos que han llegado completos. Hay fragmentos de todos los libros del Antiguo Testamento, excepto de Ester, de muchos libros judíos no canónicos ya conocidos e incluso de otros hasta entonces desconocidos, y han aparecido un buen número de escritos propios del grupo sectario de esenios que se habían retirado al desierto.

Los documentos más importantes sin duda son los textos de la Biblia.

Hasta el descubrimiento de los textos de Qumrán, los manuscritos en hebreo más antiguos que poseíamos eran de los siglos IX-X d.C. por lo que cabía sospechar que en ellos se habrían mutilado, añadido o modificado palabras o frases incómodas de los originales. (El texto griego se compuso en Alejandría, y de ese sí hay testimonios antiguos: es más célebre de las versiones griegas, llamada de los “Setenta” porque se habla de 70 sabios que la hicieron en Egipto en los S. III-II a C., cuando los judíos de Alejandría, conociendo mal el hebreo, necesitaban una traducción). Con los nuevos descubrimientos se ha comprobado que los textos encontrados coinciden con los medievales, aunque son casi mil años anteriores, y que las pocas variantes que presentan coinciden en gran parte con algunas ya atestiguadas por la versión griega llamada de los Setenta o por el Pentateuco samaritano. Otros muchos documentos han contribuido a demostrar que había un modo de interpretar la Escritura (y las normas legales) diferente al habitual entre saduceos o fariseos7. En resumen, no ha habido manipulación en los textos bíblicos.

Redacción de las Escrituras

Los libros de fueron escritos en tres lenguas: la mayor parte en hebreo, algo en arameo y dos de ellos en griego (Sabiduría y el 2º de los Macabeos. El 1º de los Macabeos originalmente en hebreo, nos ha llegado en versión griega). Los libros más antiguos se escribieron en hebreo con caracteres fenicios. Después del exilio de Babilonia (S. VI a C.) se empezó a utilizar la escritura llamada “cuadrada” propia de los arameos que deriva de los fenicios. En esos caracteres se encuentra escrita la Torah hebrea.

En cuanto al método para escribir, los primeros vestigios de la Biblia vienen del sur de Babilonia, por obra de los sumerios que son considerados los inventores de la escritura (hacia el 3500 a C.).

El material para escribir era muy variado. Los asiro-babilonios empleaban tabletas de arcilla fresca en las que imprimían signos con un punzón de madera o metal, dejando una impronta en forma de cuña (de ahí el nombre de “cuneiforme”) y que ponían luego a secar al sol o al fuego para que se endureciera. Los egipcios, en torno al 3000 a C. disponían de un material más barato y práctico, constituido por las fibras del “papiro” -planta muy abundante- aplastadas y trabadas con una especie de engrudo (éste es el origen de nuestro “papel”). El papiro fue importado de Egipto a Palestina, convirtiéndose en material ordinario de escritura para el antiguo Israel.

Tiempo después (S.II a C.) los hebreos conocerán -a través de los persas- el “pergamino”, material más consistente y más caro de piel curtida o pulida (en el 100 a.C. se perfeccionó este material en la ciudad de Pérgamo). Primitivamente, las hojas de papiro o de pergamino se unían a otras en rollos (la liturgia judía ha permanecido fiel a este uso). La costumbre era de coser las hojas por grupos de cuatro hojas (“quaternion” de la que procede “cuaderno”) y después se agrupaban en un volumen (se hace así a partir del s. II a.C). Para escribir sobre el papiro se usaba el tallo de la misma planta; en los pergaminos se empleaba el cálamo, tallo de junco afilado.

Si los libros de la Biblia nos han llegado en estos soportes materiales tan deleznables, no es de extrañar que se hayan perdido los originales.

Hasta el S.XV con la invención de la imprenta, la transmisión de un texto antiguo se hacía por sucesivas copias, con los lógicos peligros. Las posibilidades de transmitir un texto antiguo con exactitud, disminuyen proporcionalmente al tiempo transcurrido (la distancia entre la redacción y el primer manuscrito conocido de cualquier texto antiguo, es enorme: 1400 años para las tragedias de Sófocles, Esquilo, Aristófanes y Tucídides; 1600 para Eurípides, 1300 para Platón como hemos dicho, y 1200 para Demóstenes.

Los textos bíblicos no son una excepción, no poseemos ningún autógrafo bíblico, los conocemos por sus transcripciones, de las que conservamos miles de manuscritos. Hasta los descubrimientos del siglo XX, los manuscritos hebreos más antiguos eran del S. X d. C. En 1896 se descubren en el Cairo 200.000 fragmentos de los S. VI-VII d. C., en los que destaca un texto manuscrito en hebreo del Eclesiástico. Entre 1947-56 con el descubrimiento de los manuscritos bíblicos en las cuevas de Qumrán, se abre un nuevo capítulo en la historia del texto hebreo, como hemos dicho.

Géneros literarios

Los libros se agrupan para los judíos en tres secciones: Torah o Pentateuco, Profetas y Escritos. Pero en todos ellos los géneros literarios son muy variados: además del histórico, tenemos el de los relatos «didácticos» o «doctrinales» con apariencias históricas, entre los que se destacan los libros de Tobías, Judit y Ester, que pueden considerarse una especie de «novelas históricas», cuya finalidad era levantar el ánimo de Israel en los momentos de desaliento y cuando el pueblo estaba más expuesto a dejarse arrastrar por el paganismo circundante.

Otro caso de relato «doctrinal» es el 2º libro de los Macabeos con la diferencia de que su autor no lo compuso sobre la base de alusiones bíblicas como las anteriores, sino de extractos de una obra histórica que se perdió (son deuterocanónicos, no admitidos por la versión oficial judía).

A estos géneros, hay que agregar el de los «oráculos proféticos» -iniciados casi siempre con la expresión: «Así habla el Señor»- que no sólo se encuentran en las «colecciones proféticas sino también en otros Libros, incluidos los Salmos.

Otros géneros literarios de la Biblia son el «proverbial» (Proverbios), el de los «poemas didácticos» (Sabiduría), el de los «diálogos sapienciales» (Job), el de las «súplicas individuales o colectivas» (Salmos), el de los «Himnos» Salmos.

También encontramos el género «apocalíptico», muy extendido entre los judíos desde el siglo II a.C. hasta el II d.C. Se caracteriza por sus «revelaciones», sobre todo acerca del porvenir, y en él abundan las visiones simbólicas, las alegorías enigmáticas, las imágenes sorprendentes y las especulaciones numéricas. Su aparición se explica por las duras condiciones de vida del Judaísmo tardío, que despertaron un gran anhelo de tiempos mejores y de liberación nacional. El prototipo de este género literario en el Antiguo Testamento es el libro de Daniel (en el Nuevo Testamento lo es el célebre Apocalipsis).

En un mismo Libro se mezclan a veces diversos géneros literarios, y tengamos en cuenta que un mismo hecho puede ser narrado con diversos géneros literarios. Un ejemplo de esto es lo que sucede con el «Oráculo profético» de 2 Samuel 7,4-17, que está en el origen de la esperanza mesiánica de Israel y tiene un hermoso paralelo poético en Salmo 89,20-38.

Judaísmo (4): Lo esencial de la religión judía

Pero los judíos aún esperan al Mesías, no admiten a Jesús. En todo caso, Jesús fue un judío y de esa religión judía se ha injertado su doctrina, por eso es esencial para los cristianos, como también para los musulmanes

27 diciembre, 2023

Llucia Pou Sabate

Colaboraciones

Yahweh

Los dogmas judíos son peculiares, no provienen de su dependencia con la religión de pueblos colindantes, y son: la trascendencia de Dios, la actividad divina en la creación, la providencia divina por su pueblo y las personas hijos suyos, el juicio al final de la vida por las obras de cada uno, la libertad humana, la elección de Israel como pueblo suyo, la venida escatológica del Mesías, la resurrección de los muertos y el mundo futuro.

Yahweh es el nombre del Dios judío: es etimológicamente luz, cielo, divinidad celeste, luminosa. El viento y la brisa y la luz son reflejo de su gloria, su vestido. Las teofanías van acompañadas de fuego o relámpagos en otras ocasiones. Es una divinidad masculina, pues en hebreo no existe la palabra “diosa” a diferencia de los pueblos colindantes que sí tienen diosas. Además, parece un dios en soledad, pues a diferencia de los demás dioses de pueblos circundantes, que tienen esposas y familia, Yahweh es único; que además no tiene otros dioses con que relacionarse, y no tiene forma humana, es un dios espíritu, que al no ser corporal tampoco tiene sexo.

Y la tradición sacerdotal, de mediadores, corresponde a hombres: aunque haya profetisas como Débora, Judith y varias reinas, ninguna tiene papel de sacerdocio (por ejemplo, no lo será la hermana de Moisés y Aarón).

En la tradición judía, Dios es Padre, y trascendente a la vez (lejano). Su justicia prevalece normalmente sobre su misericordia (aunque hay escritos como salmos y algunos profetas en los que prevalece la misericordia).

No tiene el judaísmo la visión rígida que encontramos en otras religiones celestes.

La paternidad divina es formulada con expresiones de amor y ternura. Es una paternidad hacia el pueblo en conjunto, pero también hacia las personas, que “se glorían de tener a Dios por Padre” (Sabiduría 2,16-18, aunque este libro escrito en Alejandría sobre el 50 a.C. no es aceptado por la línea oficial desde que los fariseos a finales del s. I d.C. establecen un canon eliminando ciertas Escrituras griegas, pensando que no tienen original hebreo).

Dios es trascendente. El episodio de la zarza ardiente en la presencia de Dios es claro, es un dios lleno de poder, y mirar a Dios cara a cara es morir. Es lo “tremendo” del yahvismo, el resonar de los truenos del Sinaí, los rayos y los cuernos de Moisés como signo de la potencia divina y del intermediario ante Dios. Así por ejemplo leemos del pueblo, ante la teofanía: “Y atemorizados, llenos de pavor, se estaban lejos” (Ex 20,18).  Las manifestaciones divinas, epifanías de Yahweh, provocan una reacción del vidente: taparse los ojos para evitar la muerte, y por parte divina unas palabras de aliento de Yahweh con la promesa de la asistencia (alianza). El temor ante la majestad divina perdura, aunque se mitigue el aspecto de “tremendo”. Por eso no pronuncian el nombre de YHWH (con las vocales, de época posterior: Yahweh) y se sustituye por Adonay, Kyrios en la versión griega (Señor).

El antropomorfismo de Yahweh es una nota clara, pues, aunque no tiene esposa ni hijos, se le atribuyen acciones humanas: oler, tener boca o pies, labios o brazos, lengua y ojos, rostro y espalda; al igual que sentimientos como la ira o compasión, arrepentimiento… pero al no tener forma humana, se prohíbe construir imágenes suyas, al ser espíritu no quieren que se confundan con ídolos de pueblos de alrededor.

El yahwismo, religión étnico-política

Se trata de una religión que no sólo es espiritual, sino que también reglamenta la vida civil, el modo de vivir la cultura, hasta el punto de que su literatura es fundamentalmente religiosa y en torno a sus Escrituras. Si esta mezcla pasó al cristianismo durante un tiempo en cuanto a unión entre las realidades eclesiásticas y civiles, poco a poco se fue dilucidando una secularidad y distinción de los dos órdenes (el religioso y el civil), pero en eso los musulmanes en general lo siguen siguiendo, la forma cultural y social que determina la religiosidad.

Es una religión profética, donde Dios que usa mediadores, a partir de Abrahan (XIX-XVIII a.C.), y señalará la circuncisión como señal de pertenencia al pueblo. Jacob sería padre de las 12 tribus de Israel (su nuevo nombre: Ex 32,29), y señala en sucesivas alianzas “Yo soy el Dios de vuestros padres”, “el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob”.  Alianza promulgada de modo solemne en el Sinaí con las dos tablas de la ley, y aunque el pueblo sea infiel en muchas ocasiones, se renueva siempre la alianza por medio de los distintos profetas, con el mensaje claro de que su don no se revoca: “yo seré vuestro Dios y vosotros mi pueblo”.

En esos tiempos, como hemos dicho lo civil y religioso van unidos, primero bajo la autoridad de los Jueces, luego con los Reyes, pero siempre con un profeta al lado o cerca del pueblo. Se va formando también la idea de un Mesías salvador, profetizado como hijo de mujer, nacido en Belén, varón de dolores, justo paciente por todos… pero se ve enseguida no como algo meramente espiritual sino con un carácter político, como liberador y caudillo, que en la época de las dominaciones griega y luego romana será el que libra de toda dominación extranjera.

Es también una religión de salvación, no para unos pocos sino para todo el pueblo, salvación comunitaria, y no individual (como erróneamente se interpretó en algunos casos, pienso por ejemplo entre muchos cristianos en una espiritualidad más individualista donde se juzga solamente al alma cuando se pesan las obras buenas y malas). Como hasta los tiempos próximos a la llegada de Jesús (siglos III-II a.C.) no tienen aún una fe en la resurrección personal, no miran una subsistencia sombría en el sheol tras la muerte (aunque ya en tiempos de Jesús tienen idea de un purgatorio, véase la parábola de Lázaro y Epulón).

Pragmatismo religioso. Es pensar en lo que funciona, los efectos prácticos. Por eso la diáspora supuso un golpe fuerte para su religiosidad, como también los fracasos bélicos o la deportación a Babilonia. La providencia divina está asociada a una cierta moral del éxito: “Tuvimos abundancia de pan, estuvimos alegres y no vimos mal alguno” (Jeremías 44:17), pero Jeremías quería llevarlos a una visión más alta, que no dependa de esos éxitos terrenales (Jeremías 44:18).

De la alianza surgen unos derechos y unas obligaciones: Dios pedía obediencia a su ley, y ofrecía su bendición fructífera en el pueblo. El Arca de la Alianza contenía sobre todo las dos piedras de la ley, que señala la presencia del Altísimo a través de esos recuerdos, y para albergarla se construyó el Templo de Jerusalén en tiempos de Salomón: ese templo es garantía de prosperidad material y espiritual (a partir de la revelación de la resurrección, será sobre todo escatológica), y el pueblo tiene que responder con fidelidad ante un Señor celoso, que no admite otras divinidades.

Hubo catástrofes, deportaciones, invasiones, y un continuo resurgir con consciencia de lucha pues si se conserva la fidelidad habrá éxito. Es la moral del éxito que pasó luego a protestantes que señalan como signo de predestinación el éxito; y también pasó a Norteamérica con la idea del “hombre que se hace a sí mismo”. Hay detrás de los relatos una teología de la historia. A mi entender, que aún no se había revelado la resurrección de las personas en su alma individual, tenían una vaga noción de permanecer en el seno de Abaham, pero sin esa certeza en que más allá de esta vida habrá otra mejor para siemprey por eso se acogen al éxito de la vida terrenay del pueblo de Israel. Cuando Jesús lleva a la plenitud esa fe en la resurrección (que ya tenían los fariseos, pero no así los saduceos) el pragmatismo se difumina en un reino que no es de este mundo, y el mesianismo toma otro cariz.

Notas del yahwismo

 Monoteísmo. Al igual que en sitios de África y Australia, venera un dios único, pero lo raro es que está rodeado de pueblos politeístas: moabitas, amonitas, cananeos, mesopotámicos, egipcios, hititas… aunque esto que dicen los libros no sería totalmente cierto si hubiera coincidencia con Zaratustra, también conocido como Zoroastro, profeta y filósofo persa que vivió en algún momento entre el siglo XVII y el siglo VI a.C. (Si es cercano a Abrahan, podría establecerse una relación entre los dos. Si es posterior, puede tener influencia del judaísmo en él…).

Zoroastrismo

Se le atribuye a Zaratustra la fundación del zoroastrismo, una antigua religión que tiene características distintivas, incluido un fuerte énfasis en el monoteísmo. En el zoroastrismo, el dios supremo es Ahura Mazda, considerado el creador del universo, el ser supremo y la fuente de todo bien. Zaratustra predicó la adoración exclusiva a Ahura Mazda (dios supremo, considerado como el ser benevolente y sabio que gobierna sobre el universo) y rechazó la adoración de múltiples dioses, marcando así una ruptura con las prácticas religiosas politeístas que eran comunes en la región en esa época.

Los conceptos clave en el zoroastrismo incluyen también Angra Mainyu (Ahrimán), fuerza del mal en el zoroastrismo, que, aunque no es un dios opuesto a Ahura Mazda en el mismo sentido que en algunas religiones dualistas, representa la fuerza destructiva y el caos (en el libro de Job vemos cierta similitud). Hay un dualismo ético, pues, aunque Ahura Mazda es supremo, el zoroastrismo presenta un dualismo ético entre el bien y el mal. La humanidad se ve atrapada en la lucha entre estas dos fuerzas, y se insta a las personas a elegir el bien sobre el mal.

El Juicio final y la resurrección están también presentes, como entre los judíos: creencia en un juicio final donde las almas son juzgadas por sus acciones en la vida y son recompensadas o castigadas en consecuencia. El zoroastrismo tuvo una influencia significativa en las religiones posteriores, y algunas de sus ideas se reflejan en el judaísmo, el cristianismo e, indirectamente, en el islam. A lo largo del tiempo, el zoroastrismo ha disminuido en número de seguidores y actualmente es practicado por comunidades relativamente pequeñas, principalmente en Irán e India.

En esa tierra de Caldea fue donde nace Abrahan, que emigró desde Ur, ciudad donde eran idólatras, y él por revelación divina fue monoteísta, en un ambiente politeísta son las dos religiones monoteístas.

En Moisés, esta fe se concreta con la manifestación de Dios “el que es” (en forma verbal que significa también “el que será”): “Yahweh es el Dios verdadero y no hay otro Dios fuera de él” (Deuteronomio 4,35). “La creencia israelita en un solo Dios, personal, trascendente, ético, providente, justo y misericordioso es uno de los grandes interrogantes de la historiografía religiosa de la humanidad”1, de ahí que se defiende su revelación divina.

Naturaleza ética y moral de Yahweh 

En muchas religiones de alrededor de los judíos, no hay una divinidad que sirva de referente ética a la humanidad; así, en el panteón griego, el politeísmo tiene mucha inmoralidad, sus divinidades parece que no tienen más prerrogativas sobrehumanas que la inmortalidad y su poder. Platón criticó esa visión de las divinidades, nefastas para una educación de la juventud, y por eso prohibía en este sentido a Homero y los poetas que mostraban esos dioses tan maleducados.

Cierto que la profecía en Israel puede relacionarse como las mediaciones que aparecen en otras religiones, y así el dios Apolo es administrador de la ley de Zeus entre la humanidad, pero no hay mucha similitud entre las dos (basta ver la Odisea o cualquier otra literatura de la época). Pues en esas religiones, al igual que las divinidades telúricas, las orgías sexuales iban de la mano de actos de culto: fiestas dionisiacas, báquicas, de los Baales cananeos… aquí en cambio vemos a un Dios santo: Yahweh es puro, moralmente bueno, sin pecado, y esa santidad pasa a su pueblo: “sed santos, porque yo, Yahweh, soy santo” (Lev 19,2).

En Oriente se atribuye a la divinidad la legislación, y esto es parecido a la tradición de Israel. Hammurabi dice que recibe de Dios su código, como hiciera Moisés; esto pasó a Grecia también, donde Zeus el legislador y Apolo el mediador que condiciona esas leyes, de ahí que el emperador romano, siguiendo esa idea del mediador, quisiera tener títulos divinos haciéndose mediador entre el cielo y la tierra y tomando rango de dios.

La Revelación

Abrahan (XIX-XVIII a.C.) recibe una revelación, la palabra de Dios, y también otros patriarcas como Jacob, y Moisés (XIII a.C.) y otros profetas. Aquí no se trata de una emanación de tipo hinduista panteísta, ni resultado de una experiencia chamanística como Mahoma y sus viajes en espíritu a Jerusalén y más allá (con la visión del libro sagrado colocado en el cielo junto al trono de Alah), ni es fruto de una experiencia interior o concentración religiosa (como Buda, Jina, o Mani), sino una vivencia de relación con Alguien, Moisés se encuentra con “El que es”.

Se trata de una experiencia religiosa personal, con una fuerza que no la vemos ni en Egipto o Mesopotamia; sí lo encontramos más tarde, en Buda, Jina o Zarathrusta (aunque dudemos de la fecha de este último que podría ser anterior), todos ellos en torno al s. VI a.C., curiosamente en un mismo tiempo se reúnen o aparecen, cada uno en su ambiente, varios de los principales fundadores de experiencias religiosas.

Es curioso que los escritores bíblicos (hagiógrafos) no entendían el sentido completo de los libros bíblicos, sólo con el tiempo se ven otros aspectos a ellos ocultos.

Contexto histórico y cultural

En historia, como en la comida, podemos decir que cada plato hay que comerlo “con su salsa”, en el sentido de que el ambiente de la época determina el modo de concebir no sólo la religiosidad sino los modos culturales de expresarla. Con frecuencia se habla en aquel entonces del dios terrible de la Torah, pero es que como tantas otras cosas hemos de verlas dentro del contexto histórico-teológico en el cual nació, y tener en cuenta ese ambiente histórico sociocultural, sin el cual no se entienden muchas cosas.

Por ejemplo, si leemos Génesis 1 veremos que se habla de dominar la tierra, y todo está muy ordenado hacia ese dominio del hombre sobre lo creado. Es un texto de la época de zigurats, de los arquitectos, de organización de la sociedad, hay un esquema en que Dios construye la creación como si fuera un pastel, y se da al hombre –la guinda del pastel-, ese “dominio” sobre la tierra: eso marca el progreso. Pero si vemos solo eso parece un permiso a que seamos depredadores de la tierra. En el capítulo 2, más antiguo, en el contexto de una sociedad de alfareros, vemos que Dios hace del barro al hombre, va improvisando sin un plan preestablecido, arreglando las cosas cuando estas suceden: forma al hombre del fango, y cuando el hombre se siente solo le da de su costilla (androgenismo curioso e interesante) a la mujer.

Ya sabemos que toda visión antropomórfica de Dios es incompleta, pero en su condescendencia Yahweh se va revelando al paso de los hombres, según su modo de hablar y de entender las cosas… Así, en Génesis 2 (más antiguo) la visión de Dios más ecológica, que va al paso del hombre y le anima a cuidar la creación. En una interpretación, podemos ver el complemento del progreso, el sentido de la providencia, de cuidar la tierra como Dios nos cuida a nosotros.

Detrás de los relatos, están unas verdades religiosas, como la creación divina en el tiempo, o que las cosas y sobre todo los animales cobran un sentido cuando se les da un nombre, y que la persona humana está hecha a imagen de Dios.

El yahvismo israelita, prehistoria del cristianismo2

Todo ello no pertenece solamente al legado judaico sino también cristiano, como vemos en estas palabras de Jesús: “No penséis que he venido a derogar la ley y los profetas; no he venido a derogarlos, sino a llevarlos a su plenitud” (Mateo 5,17). Es como si el cuadro del Antiguo Testamento requiriera el pincel de un maestro para completarlo. Pero los judíos aún esperan al Mesías, no admiten a Jesús. En todo caso, Jesús fue un judío y de esa religión judía se ha injertado su doctrina, por eso es esencial para los cristianos, como también para los musulmanes.

El pueblo de Israel y la paz en Palestina

2023-12-01

Pero tiene la historia un sentido profético, en el tiempo en que se lee el texto: no tener...

Llucià Pou Sabaté

El pueblo de Israel desde Abraham forma un pueblo escogido por Dios, que ha tenido distintas dificultades (exilio a Egipto, a Babilonia…), luchas contra pueblos circundantes (ocupación de Canán, filisteos, luchas intestinas entre las tribus y los propios reinos…), ocupaciones en su tierra (babilónicos, persas, griegos y romanos) y siempre ha tenido la promesa de la liberación con sus profecías mesiánicas de donde viene el sionismo actual que germina en el siglo XIX, para acabar con la diáspora y volver a Sión el monte santo de Jerusalén.

El monte Sion es una de las referencias y contiene miles de promesas, sobre todo una futura: de allí saldra el orden y la «enseñanza» de la palabra de Dios (Isaías 2:9). Así, este monte que representa lo que fue, es y será no solo la nación de Israel, sino también la Iglesia, hace que no se un simple accidente geográfico, sino que es la representación de las promesas que cumple Dios.  

El libro de Daniel, de estilo «apocalíptico» o «de revelación», con visiones llenas de simbolismo sobre los planes de salvación que Dios quiere llevar a cabo en el futuro mesiánico, premia la fidelidad. Así el sueño de Daniel muestra un gigante con la cabeza de oro, torso de plata, piernas de hierro y débil de base (pies de hierro mezclado con barro) que cae con todo su poderío.
   
Ese gigante con los pies de barro sufrió el golpe casual de una piedra que se desprendió de la montaña, e hizo pedazos el hierro y barro, el bronce, la plata y el oro, y triturado el gigante se deshizo en un montón de escombros para construir otra edificación nueva. La imagen tenía un sentido histórico en la caída de Nabucodonosor (oro) y ascensión y conquista de Ciro (medos y persas), en la fragilidad del reino seléucida después del hierro de Alejandro, y los pies de barro es la división entre su herencia dividida entre ellos: Láguidas (hierro) y Seléucidas (barro cocido).

Pero tiene la historia un sentido profético, en el tiempo en que se lee el texto: no tener los pies de barro, tener buena base. ¿En qué está apoyado el Estado de Israel? No puede estar basada en la agresividad con los pueblos colindantes, una defensa continua con el apoyo de los judíos que tienen poder en todo el mundo comenzando por las finanzas de EU. La opresión continua a los pueblos palestinos no es buena base para una convivencia, pues había convivencia pacífica hasta la llegada del sionismo. Aunque sea difícil encontrar el equilibrio entre los dos Estados (Israel y el Palestino) no es bueno la opresión o los asentamientos, o el desahucio continuado en sitios como en Jerusalén de árabes tanto musulmanes como cristianos. El afán de conquistar más territorio de modo unilateral no es sembrar un futuro provechoso. La solución no es echar gasolina al fuego…
   
El pueblo de Israel tiene muchas opiniones y tendencias políticas, con una visión religiosa también distinta, que va desde los ultra religiosos, a liberales (se adecúan al contexto actual) y otros que no se basan tanto en la religión como los sionistas que van más en busca de la educación y progreso, y ahora en cimentar el Estado de Israel. Aunque las tendencias políticas y religiosas pueden cambiar con el tiempo y pueden variar en función de factores diversos, a día de hoy podríamos decir que estos grupos son:

1. Ultra religiosos (Haredim): comunidades judías ultraortodoxas que suelen enfocarse en la observancia estricta de la ley judía. Estadísticas: Según el Informe de la Población de Israel de 2020, los Haredim representan aproximadamente el 12% de la población judía en Israel y suelen tener tasas de crecimiento demográfico más altas que otros sectores de la sociedad.

2. Liberales (Seculares): pueden adoptar actitudes más liberales y menos centradas en la observancia religiosa estricta. En dicho informe, constituyen una parte significativa de la población judía, representando aproximadamente el 43%.

3. Sionistas con enfoque en educación y progreso como parte integral de la construcción y fortalecimiento del Estado de Israel. No tengo datos al respecto pero sin duda que el 0,2% de la población mundial tenga cerca de un 25% de los premios Nobel es un indicador de esa característica.

4. Pero podríamos hablar de otros grupos u opiniones no tan basadas en la religión, sino que tienen otras prioridades. Es una realidad compleja que puede actualizarse día a día, como en cualquier país de Occidente donde el cambio es parte esencial de la evolución de la sociedad y mentalidades.

En medio de este magma de tendencias, vemos que hoy domina una política de guerra en Israel. Volviendo al gigante del sueño tiene relación con un reino nuevo del amor, que no es el basado en la ley externa y el Templo de Jerusalén, pues esa construcción, que era su orgullo, “fue reducido a pavesas” y los hebreos dispersados como pueblo. Construido por Salomón un milenio antes de Cristo, y destruido primero por Nabucodonosor en el 586, reconstruido en tiempos de Ciro y otra vez por Herodes, fue arrasado por Tito y los romanos en el 70 d.C. Los judíos querrían la reconstrucción de un Tercer Templo, pero como hay una mezquita y está Israel rodeado de pueblos islámicos, no parece posible. Como diría Jesús, no es ni en ese templo ni en donde los samaritanos ponían la montaña de Jacob donde habita Dios, sino en el corazón de cada uno, pues todos somos hijos de Dios, y así lo expresa la Torah desde el primer versículo del Génesis: Dios crea la persona humana a imagen suya, todos somos hermanos, y el fratricidio es contrario a la Palabra de Yahvé.
   
Pues no quiero pensar la opinión (no contrastada con fuentes) que veo publicada, de que los servicios de inteligencia israelíes ya sabían del ataque terrorista de Hamás desde tiempo antes, y que simplemente no valoraron el alcance de sus fuerzas, pues eso me haría pensar que buscaban una excusa para invadir Gaza y ocupar con más intensidad Cisjordania. Tampoco me ayuda pensar que Hamas hizo el ataque para poder provocar una represalia y mostrar los niños muertos (quizá a causa de usarlos como escudos humanos), que es la foto que han vendido (que es otra opinión que tampoco está documentada, pero que se publica estos días). Pongo por tanto los dos puntos como suposiciones.
   
Simplificando (y por tanto sin abarcar todos los aspectos) las pretensiones de Israel en el conflicto actual son: seguridad y reconocimiento (garantizar la seguridad de sus ciudadanos y el reconocimiento de su derecho a existir como Estado, ante unas comunidades islámicas de alrededor que no lo aceptan, y algunas querrían hacer desaparecer a Israel); defensa (protegerse contra amenazas percibidas, incluyendo ataques con cohetes y otros actos terroristas); y a ello tienen derecho esas personas de Israel.

Gaza (Hamas) quiere:  fin del Bloqueo (levantamiento del bloqueo israelí y egipcio impuesto a la Franja de Gaza); reconocimiento de su autoridad en Gaza y derecho al retorno de los refugiados palestinos. Y son cosas a las que tienen derecho, pero no en el modo de usar modos terroristas, ni en el apoyo de Irán para echar al mar a los judíos.
   
Sin duda, es un escenario más complejo con intervención internacional y quizá hay muchas intenciones ocultas detrás de estos objetivos más públicos, en realidad no pretendo conocer lo que manejarán mejor los servicios secretos respectivos, pero sí nos sirven estos puntos para ahondar en algo fundamental: las batallas importantes no están en matarse unos a otros, sino que están en el interior de cada uno, donde hay una angustia que provoca ese vacío existencial, la falta de interioridad, el miedo… miedo expresado en otro sueño de Daniel, el del dedo que escribe las palabras en el banquete real, escribiendo la sentencia del destino en tres palabras cuyo significado son: «Dios ha contado tus días», «no has dado el peso en su balanza» y «tu reino se ha dividido». El peso en la balanza sin duda es el amor, y el castigo profético no es tanto una amenaza divina sino una autoexclusión de la felicidad, de quien no sabe amar (porque no quiere).
   
Hay otra palabra con la que Jesús nos anima: “con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Es la precipitación de las personas la que genera peleas, y es la paciencia y perseverancia la que arregla los problemas. No hay rosas sin espinas, un sendero sin dificultades no nos haría mejorar mucho. La paciencia contribuye decisivamente a entender que la vida es esencialmente amor, y si hay amor al final todo colabora para el bien. Por eso el objetivo inmediato en Israel no es matar sino treguas que permita ver con calma, tener más visión de conjunto, reforzar la dignidad de todas las personas como imagen de Dios y hermanos, y edificar un futuro más seguro del Estado, y sin miedos.

Con paz no hay conflictos con los demás

Así nos habla Jesús, príncipe de la paz:

Por: Llucià Pou Sabaté | Fuente: Catholic.net

Una persona con paz se expresa de modo asertivo porque “de la abundancia del corazón habla la boca”. Noté en una persona que al dar las charlas de formación, hablaba siempre de aspectos negativos, de muertes y catástrofes. Se lo dije pero no me entendía: era su visión de la vida, fruto de su inquietud interior. Y pensé que yo tampoco percibiré fácilmente mi falta de paz mientras no avance en ese proceso espiritual, de interioridad. Vemos “la paja en el ojo ajeno” pero no “la viga” en el propio. Precisamente cuando intentamos explicar un aspecto, como la paz, nos aplicamos primero a nosotros mismos eso que queremos enseñar, y si hay éxito en esa transmisión es porque aquello no responde a citas o frases de otras personas, sino porque nosotros hemos hecho este proceso experiencial: lo hemos hecho vida, y por eso serán palabras vivas. Así estas palabras, al leerlas, pueden enriquecerse con tus experiencias y palabras hechas vida.

Muchos problemas de nuestro mundo son causados por esa falta de paz que lleva a discusiones, a “tenía que decir esto que llevaba dentro” y a continuación arrepentirnos de haberlo dicho pues “somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencio”. Así en el trabajo mejorará el ambiente si la intolerancia e incomprensión dejan paso a la serenidad que proviene de la paz, de la mesura de ponerse en la piel del otro, al compromiso y servicio en el trabajo en equipo.

Uno de los aspectos más importantes en esa visión social de la paz interior es la familia. En tiempos de dificultades (una pandemia, una crisis económica, incompatibilidades de carácter… por no decir el peor de los casos, que es la muerte de un hijo) hay muchas separaciones de parejas, lo cual indica que no siempre son debidas a problemas de incompatibilidades sino a una inadecuada gestión de las cosas, que se han convertido en problemáticas por esa falta de paz. La armonía en la convivencia tiene mucho que ver con esa gestión emotiva en el diálogo que evita discusiones inútiles, y el querer tener la razón deja lugar a una paciencia de dejar que pase la tormenta y los nervios en beneficio de todos.

poster

El cerebro no tiene un pensamiento objetivo sino que su actividad siempre está influida por las emociones, y a veces hay un secuestro emotivo, somos raptados por una pasión fuerte de miedo o cualquier otra. En estos casos, pienso que el mejor modo de salir de esa situación es el sentido del humor: es central en salir del secuestro emotivo, por esa puerta de atrás, que nos permite vernos como espectador externo a aquel problema, reírnos de nosotros mismos, pues todas las dificultades caben dentro de una sonrisa.

Igualmente, las relaciones de amistad se fortalecen cuando hay un bien común y lealtad que se cuida. Las amistades sin ese fondo no son auténticas como vemos que se traicionan los aparentes amigos entre corruptos, por ejemplo políticos ladrones. La amistad da paz cuando está basada en las tres cosas fundamentales de toda relación que implique nuestras facultades interiores: la verdad, la libertad y el amor, y si no, no hay amistad sino juegos de intereses y apariencias. Y entonces, los amigos se enfadan: cuando ven un partido de fútbol hay discusiones sobre lo que decidió el árbitro. Y cuando sale una opinión política pueden llegar a pegarse por tonterías. 

Y lo mismo que aparece a nivel de amigos una discusión, a nivel social, tanto local, nacional como internacional aparecen las guerras, causadas por la falta de paz interior de los que pueden tomar decisiones sobre ellas.

Esa paz interior tiene una proyección social: venimos a decir que la solución de la paz mundial es construir esa paz interior en cada uno, y promover una educación para la paz personal con su proyección social. Por todo eso, los conflictos sociales son causados por la falta de paz de las personas, pero hay unas herramientas para poder superarlos, aprovechando esas dificultades para crecer espiritualmente y en paz. Es importante comprender que con el uso de ellas podemos solucionar los conflictos personales.

Así, seguimos el modo clásico de que “el modo de obrar sigue al modo de ser”: de cómo somos, así obramos. Se dice también por ejemplo que “de la abundancia del corazón habla la boca”: las palabras son cordiales si en el corazón hay esa paz. Lo importante es cómo pensar en paz, en segundo lugar cómo sentirnos en paz, y así podemos actuar fruto de esa paz interior creando una paz a  nuestro alrededor. Para tener paz fuera, hemos de tenerla dentro, y para tener paz dentro hemos de cultivar la interioridad: “No podréis ver con claridad mientras no miréis en vuestro corazón… El que mira al exterior sueña. El que mira al interior despierta” (Carl Jung).

Se requiere esa interioridad, espiritualidad que no tiene porque ser en el sentido religioso: naturalmente que está abierto a la doctrina de Jesús, y también a la de otras tradiciones orientales y occidentales. Todas ellas recogen ese deseo común de paz y amor, pues las dos cosas están unidas. Así nos habla Jesús, príncipe de la paz: “la paz os dejo, la paz os doy”. En todas las religiones de algún modo se recoge la bienaventuranza: “felices los pacíficos, los constructores de paz”.

Gestión del duelo

Publicado en diariosigloxxi.com
El desconcierto y la ira son las fases previas a la depresión, pero también eso va cediendo lugar a esa vuelta a empezar
Llucià Pou SabatéJueves, 30 de noviembre de 2023, 10:43 h (CET)

En nuestra interioridad más profunda, espiritualmente, el duelo toca hondo. Aparecen preguntas, sobre a dónde va a quien queríamos y que nos ha dejado, cómo y de qué modo volveremos a encontrarnos con él, con ella. Hay unas fases de ese duelo, primero de caída y luego de resurrección en los sentimientos: un resurgir más tarde, cuando podemos llegar a sentir la presencia de quien nos dejó, algo así como un ángel que nos cuida.
Uno de los principales indicadores de que el duelo ha finalizado es poder pensar en el difunto sin dolor: sin llorar, sin opresión… se recupera el interés por la vida, se siente más esperanza, se experimenta gratificación de nuevo en las cosas que gustan, va apareciendo la adaptación a los nuevos modos de vida.
También aparece una mayor comprensión de la realidad, sin el colapso que hubo en los sentimientos. El consuelo puede llegar por muchos caminos… “En una ocasión, dice el Dr. Viktor Frankl, un viejo doctor en medicina general me consultó sobre la fuerte depresión que padecía. No podía sobreponerse a la pérdida de su esposa, que había muerto hacía dos años y a quién él había amado por encima de todas las cosas. ¿De qué forma podía ayudarle? ¿Qué decirle? Pues bien, me abstuve de decirle nada y en vez de ello le espeté la siguiente pregunta: -«¿Qué hubiera sucedido, doctor, si usted hubiera muerto primero y su esposa le hubiera sobrevivido?» -«¡Oh!, dijo, ¡para ella hubiera sido terrible, habría sufrido muchísimo!» A lo que repliqué: «Lo ve, doctor, usted le ha ahorrado a ella todo ese sufrimiento; pero ahora tiene que pagar por ello sobreviviendo y llorando su muerte». No dijo nada, pero me tomó de la mano y, quedamente, abandonó mi despacho”.
Y el duelo no sólo aparece con la muerte, sino también al sufrir la enfermedad (tanto física como de la mente, la angustia y el dolor interno, soledad…); el mal de amor con el amor imposible, o no correspondido, o que se pierde…Todos ellos son tipos de pérdida y en cierto modo de duelo: se quiere alguien(o algo) y hay una separación, tanto si alguien se muere (o enferma) como cuando la puerta se cierra a las espaldas de uno, hay un rechazo. Para muchos, es muy duro el despido del trabajo y la falta de oportunidades en el actual sistema económico…
Estos duelos son traumáticos, un cambio fuerte como el que tiene un niño a la salida del útero para enfrentarse al mundo, así a veces sufrimos cambios de ambiente muy fuertes. Pero entonces hay, junto a la pérdida o añoranza, una creatividad que con fuerza divina resurge en el interior, y aunque surjan dudas, temor o ira, va haciendo esa persona un nuevo proyecto con sus ilusiones y decisiones.
El miedo, ira o angustia ante la separación, son los sentimientos que hay que asimilar, como electricidad estática hay que descargar adecuadamente porque si se hace “explotando” puede descargarse violentamente con los demás. El desconcierto y la ira son las fases previas a la depresión, pero también eso va cediendo lugar a esa vuelta a empezar…
El dolor por los inocentessin duda es otro tipo de pérdida, por lo menos de una sensación de racionalidad en todo, pues nos plantea ¿cómo Dios permite esto? Las preguntas que nos llevan a la profundidad del misterio del mal y del pecado muestran la vulnerabilidad de nuestro pensamiento y el poco alcance que tiene. Y ello va de la mano de cierta impotencia divina ante lo malo, aparente sin duda, pero vemos la vulnerabilidad de quien debería ser Todopoderoso, y contemplar el dolor de Dioscomo el Padre del hijo pródigo, que sufre, contemplar el amor divino manifestado en el dolor de Cristo en la Cruz, todo eso sonverdades que nos hacen dejar de lado el pensamiento débil y confiar, mirar la cruz como camino a la compasión y liberación de todo mal.Y descubrimos que quizá de algún modo el mal esté permitido para que demos lo mejor de nosotros mismos y lo venzamos con la abundancia de bien. La salida del dolor pasa por dar consuelo a los demás; los dolores de la Virgen Santísima nos hablan del consuelo de la Madre, de cómo una madre sufre con paciencia esperando aquello que servirá para que por caminos desconocidos se hagan nuevas todas las cosas…
Así, en medio de la noche oscura, se va viendo la luz. Una cualidad de ese paso oscuro es que vamos abriéndonos a los misterios que no se ven, al mundo de los sueños y nos abrimos a otras formas de conciencia, sentimos estar cerca de seres en otras dimensiones, como los seres queridos que ya no están entre nosotros y los ángeles (hay quien los llama hadas y duendes). Esas conexiones misteriosas nos ayudan a dejar de lado la ira y los miedos con los que hemos ido cargando nuestras mochilas. El resentimiento y la negatividad que nos acechan, toda esa frialdad, se va deshaciendo al calor de ese amor que sentimos cerca. La compañía de esos seres invisibles nos ayuda a sortearlos escollos en el navegar, para avanzar en el amor, tener un gozo consiguiente, manejar tanto los éxtasis como las agonías, lo arrebatos como el tedio, pues ciertas intuiciones aunque fugaces nos iluminan la vida, vemos que todo está llevado por la ley del amor, y que ciertos recuerdos nos hacen ver que venimos de Dios y a Dios volvemos.
Aparece una visión de la realidad que ya no está absolutizada por lo negativo, sino que encontramos un cierto equilibrio: vemos que el camino de la vida tiene pérdidas pero también encuentros, penas y alegrías, cruz y cara. Es agonía y éxtasis, camino de lágrimas y sonrisas. Con cierta emoción descubrimos un niño interior que nosanima a confiar en las manos de nuestro padre Dios que nos lleva de la mano, que nos socorre cuando caemos, que hemos de dejar ciertos mecanismos de querer controlarlo todo que nos esclavizan. El niño que llevamos dentro nos hace ver que si llegan las dificultades, son para nuestro crecimiento, ¡benditas sean!, que se convertirán en oportunidades. Que todo suma y refuerza nuestra energía vital, esa fuerza positivaque nos lleva a esforzarnos para construir un mundo mejor.