La paz y la aceptación correcta

 

2023-11-07

La paz es abrirnos a la aceptación. En todas las religiones de algún modo se recoge...

Llucià Pou Sabaté

“Para alcanzar la paz, hay que aceptar la voluntad de Dios»

La paz estable y duradera es manantial de gozo espiritual, ese desbordamiento del alma que produce la unión con todo lo amado y que impregna al ser humano en todas sus dimensiones, pues la paz va unida a la unidad que supera toda disgregación, y al gozo que es la felicidad.

La paz es abrirnos a la aceptación. En todas las religiones de algún modo se recoge la bienaventuranza: “felices los pacíficos, los constructores de paz”. Shalom…  La paz es nuestra situación original, cuando hay un ambiente acogedor que da seguridad, basta ver la paz de un niño que duerme. Con los años, los miedos y las preocupaciones la ocultan, y aparece el estrés, la ansiedad, y otras formas de falta de paz, es decir que aparecen situaciones externas o internas que nos complican la vida, producen inquietud. Podemos decir que esas circunstancias provocan en nosotros unas creencias limitantes, porque no somos capaces de encontrar la razón de bien en ellas.

Hay opciones como la oriental (el nirvana budista) o el estoico en que con la apatheia o el epicúreo con la ataraxia, para conseguir esos estados de tranquilidad emocional y serenidad, ausencia de perturbaciones emocionales y paz interior.

La Apatheia estoica es el estado de imperturbabilidad emocional sin pasiones ni emociones perturbadoras como el miedo, la ira, la tristeza y el deseo, que se ven como en el budismo como causas de sufrimiento; para ello trabajan la autodisciplina, autorreflexión y la virtud, y ha influido en la vida cristiana como ascética, siguiendo también la tradición griega de purificación (platónica, por ejemplo).

La Ataraxia epicúrea es el estado de tranquilidad y paz interior cuando hay ausencia de perturbaciones emocionales y deseos innecesarios; pues el sufrimiento y la ansiedad vienen de deseos no satisfechos y al eliminar los deseos se obtenía un placer tranquilo: con la moderación, amistad, simplicidad y satisfacción de necesidades básicas.

Aunque han pasado a la historia como los estoicas ascetas y los epicúreos placenteros, en realidad no es exacto, pero sí que la apatía estoica se centra en la autodisciplina y la virtud, y la ataraxia epicúrea en la satisfacción de deseos moderados.

Todos ellos son autoreferenciales, no piensan en que el dolor ajeno es parte de nuestra vida, y que de algún modo adormecen las pasiones y sentimientos, cuando la virtud cristiana es mucho más rica pudiendo beber de ellos (no absolutizar los deseos, ni el placer, pero no castigarlos tampoco pues todo lo humano es bueno). Lo que hace el cristiano es encontrarle un sentido: no quitar los afectos, sino saber que están todos finalizados a un bien mayor. Que todo es para bien. Por eso podemos aceptar todo lo que viene, como de la mano de Dios, y por tanto algo que nos conviene.

Para que haya una aceptación de lo que pasa, hemos de tener comprensión, y sobre todo saber que estamos en buenas manos, que podemos estar seguros. Así, la paz se construye a partir de las dificultades, es algo interior que se va conquistando, es hacerse confiable para sí y los demás, no focalizarse en los problemas sino en las  soluciones, es abrirnos a la aceptación.

La espiritualidad cristiana subraya que “para alcanzar la paz, hay que aceptar la voluntad de Dios; para aceptar la voluntad de Dios, hay que espiritualizarse; y para espiritualizarse, primero hay que perfeccionar y luego trascender el ego”[1]. Para esa la paz interior, hay que tener aceptación de la realidad, aceptación que es un acto libre. Y la aceptación depende de la comprensión adecuada; comprensión de que pase lo que pase todo será para nuestro bien, incluso del mal sale algo bueno: “no hay mal que por bien no venga”, de esta forma no hay resignación sino una aceptación plena sabiendo que todo es para un fin adecuado si nos alineamos con una idea básica: que no hay un azar o casualidades, sino que todo viene de arriba, de una “causación descendiente” por la que todo lo que ocurre es adecuado a nuestro desarrollo personal. Por eso, la paz interior depende principalmente de ese trabajo interior en nosotros mismos, no de circunstancias externas. Depende de esta comprensión que nos permite “deconstruir las creencias limitantes” para poder incorporar una información más  correcta.

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[1] Gonzalo Rodríguez-Fraile y Rafael Domingo, Espiritualizarse, Amazon 2022: donde entre otros temas se aborda la paz en una perspectiva espiritual, y algunas de esas ideas las recogeremos aquí.

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