Religión judía 3: Israel y Palestina, pelea entre dos pueblos hermanos que no saben que lo son

 

Falta en esta guerra una ética del respeto a la dignidad de todas las personas, y la sabiduría de saber esperar el momento oportuno para cada cosa

18 diciembre, 2023

Llucia Pou Sabate

Colaboraciones

Israel Palestina

COMPARTIR EN REDES

El Templo, centro del pueblo de Israel

En una de las estaciones del Via crucis, recuerdo las palabras que se referían a los judíos: “y el Templo, que era su orgullo, fue reducido a pavesas”[1]. Jesús habla de la destrucción del Templo de Jerusalén, y de que nacería la piedad con Dios Padre donde el templo sería nuestro corazón. Por eso, no dependemos de unos templos de piedra los cristianos, pero sí entre los judíos tiene mucha importancia la figura del Templo de Jerusalén. En Israel, a lo largo de la historia, ha habido el llamado Primer Templo (Templo de Salomón) y el Segundo Templo (terminado en tiempos de Herodes). Pero cada uno de ellos fue destruido, principalmente:

Destrucción del Templo de Salomón (587 a.C.): bajo el reinado de Nabucodonosor II en la conquista de Jerusalén, fue el fin del Reino de Judá y el exilio babilónico de parte de la población judía.

Segundo Templo: fue destruido (70 d.C.) por parte de los romanos (con el general Tito durante la Primera Guerra Judeo-Romana), con la toma de Jerusalén; hubo un intento de reconstrucción (siglo II), pero sin éxito.

Desde entonces, no ha habido más reconstrucciones, y el Monte del Templo sigue siendo un lugar sagrado y de gran importancia espiritual para judíos, cristianos y musulmanes. De ahí que conviene que la ciudad de Jerusalén esté abierta a esas tres culturas, que forman parte de dos etnias principales: judíos y árabes. Y también para la paz conviene que se trabaje para que haya dos Estados bien marcados en Tierra santa: Israel y Palestina, pues toda guerra es una derrota. En las guerras, todos pierden, como decía Gandhi siguiendo la imagen del Evangelio: “ojo por ojo y todos acabaremos tuertos”.

La conquista actual de Palestina por parte de Israel

Se ha dicho bien que “Hamás ha abierto las puertas del infierno para Gaza”, como estamos viendo este final de año 2023. Los servicios de inteligencia de Israel dicen no haber considerado adecuadamente la amenaza de lo que fue el atentado terrorista. Los de Hamás querían que Occidente viera las imágenes de los niños inocentes muertos por el ataque, y quizá a Israel le convenía poder atacar para controlar más territorio.

Falta en esta guerra una ética del respeto a la dignidad de todas las personas, y la sabiduría de saber esperar el momento oportuno para cada cosa. El principio de proporcionalidad en la respuesta a agresiones es fundamental.

El pueblo de Israel ha sufrido mucho, y es resistente. El pueblo de Gaza está dominado por Hamás, que tiene odio a los judíos y es tenaz en su lucha.

Hace poco hemos leído la profecía del libro de Daniel con la imagen de la estatua del gigante derruida, que podría aplicarse a la situación actual: no tener los pies de barro. Podemos preguntarnos: ¿en qué está apoyado el Estado de Israel? No puede tener como base una situación inestable de conflicto continuo con los pueblos colindantes, una defensa continua con el apoyo de los lobbies judíos de EEUU y otros países.

Palestina se convirtió en un avispero hasta la llegada del sionismo, hasta entonces convivían allí las personas de distintas religiones, árabes y judías. Sin duda, Israel tiene derecho a una tierra, pero no a hacerse odiosos con la injusticia que cometen en la opresión, los asentamientos, el desahucio continuado en sitios como en Jerusalén de árabes (tanto musulmanes como cristianos). Esos métodos no son éticos ni productivos, es pan para hoy y hambre para  mañana, porque el oprimido siempre levanta la cabeza.

Israel tiene muchas opiniones religiosas que lleva a tendencias políticas diversas, que se pueden agrupar en tres:

Los ultra religiosos (Haredim, un 12% de la población judía, pero van creciendo en porcentaje porque tienen más hijos) liberales (Seculares, se adecúan al contexto actual, son sobre el 43% de la población), y sionistas que van más en busca de la educación y progreso muchas veces sin religiosidad y que ahora están empeñados en cimentar el Estado de Israel.

De alguna forma, tanto cristianos como judíos y musulmanes somos hijos de Abraham, y la Torah desde el primer capítulo del Génesis habla de cómo Dios crea la persona humana a imagen suya. Todos somos hermanos, y el fratricidio es contrario a la Palabra de Yahvé.

Si las pretensiones legítimas de Israel son seguridad y reconocimiento a existir como Estado, y los palestinos a su vez el levantamiento del asedio israelí en sus territorios, eso no puede conducir a métodos sangrientos sino a una mediación internacional a la que ambos pueblos se avengan. La ética es el mejor modo de permanencia de una cultura, de un pueblo.

En la citada profecía de Daniel, interpreta el joven judío el sueño del rey, con tres palabras cuyo significado eran: «Dios ha contado tus días», «no has dado el peso en su balanza» y «tu reino se ha dividido». Sin duda, hay una intervención divina que a veces constatamos (a los 9 años del poder de Hitler, o el medio siglo de comunismo dictatorial en la URSS), y el peso en la balanza sin duda es el amor, que si reina hay permanencia en las culturas, y en caso contrario división.

Desde su origen, el pueblo de Israel ha sufrido el éxodo, la diáspora (las invasiones que sufrieron, como las de Roma y el Islam, les echaron de su territorio[2]) y ha desarrollado un instinto de supervivencia muy grande. El pueblo de Israel ha tenido un territorio, aunque estuviera ocupado por distintos pueblos: los griegos, en tiempos de Jesús por los romanos, en la división del imperio siguió formando parte de Bizancio, luego los califatos, las cruzadas, el imperio turco…

El movimiento sionista de finales del siglo XIX hizo que hubiera más presencia de hebreos, que compraron tierras en la zona. Cuando se crea el nuevo estado de Israel, este conflicto no ha cesado[3]: los atentados terroristas árabes y las guerras se han sucedido desde entonces[4]. La Franja de Gaza —de 41 kilómetros de largo por 7 de ancho, con dos millones de habitantes—, alberga ese avispero actual[5].

Un conflicto donde las partes no se avienen necesita la mediación diplomática internacional, para favorecer un diálogo[6] y conseguir la liberación de los rehenes que Hamás tiene secuestrados, que no haya una guerra sucia, etc. Más, cuando el conflicto no es solamente local, sino que tiene aliados internacionales por ambos bandos[7]. Está claro que la guerra es el peor de los escenarios, que puede provocar escaladas de violencia. Por otro lado, no puede asediarse al pueblo de Gaza dejándolo sin agua y productos básicos para la existencia.

La conquista de Palestina por Israel, en la antigüedad

Canaán es la denominación antigua de la región y civilización de Asia Occidental donde están ahora Israel, Palestina, y sirio-fenicia (algo de Jordania, de Siria y del Líbano), parte de lo que se conocía como el Creciente fértil, a lo largo del rio Jordán. Se llamó así desde el año 3000 a.C. hasta la dominación romana que le cambiaron el nombre por Palestina. Eran cananeos los fenicios e importantes ciudades que fundaron en el Mediterráneo occidental, como el caso de Cartago: había muchos comerciantes, y por eso «cananeo» significará ‘mercader’ (Proverbios, 31,24; Job 41,6).

Desde las fases neolíticas más tempranas, esta civilización ha perdurado durante milenios con ciudades como Jericó, Ugarit, Jerusalén, Tiro, Sidón, Biblos, Damasco o Gaza. Ha sido habitada por pueblos muy diversos: amorreos, jebuseos, hicsos, filisteos, fenicios, arameos o hebreos, quienes conquistaron a varios de esos pueblos y tomaron posesión de la región. A partir de la investigación de restos humanos, Tyler-Smith estableció que hace unos 4000 años los cananeos poblaron el actual Líbano, y que fueron los creadores de uno de los primeros alfabetos que se conocen[8].

Los primeros semitas invadieron la región (3000 a. C.) y organizaron su política, urbanismo, ejército, etc., desde Canaán a la zona montañosa de Judea, al parecer entraron desde el este[9]. Hay agricultura cercana a las ciudades, tanto en regadíos (como Jericó), o secano (como ‘Ay). Su enclave en el Mediterráneo, y por ser territorio de paso entre egipcios, asirios, babilonios, hititas… propició que naciera una fuente de riqueza especial: el comercio[10].

Los amorreos llegan cerca del final del tercer milenio, eran gentes de vida nómada, y destruyen las ciudades de la zona montañosa, y quizá no destruyeran las del llano, como Biblos. ​También hubo ataques desde Egipto[11].

Los hicsos (siglos XVII y XVI a.C.) dominaron Egipto y Canaán (se observa en las excavaciones que su cerámica fue dominante). Traen nuevas técnicas en las ciudades: los muros ya más débiles se refuerzan, y las puertas son de tenaza. Hay mayor diferenciación social. Ahora vienen también del norte y de origen indoeuropeo los hurritas.

Los hurritas llegaron a ser tan importantes en la zona que en los documentos egipcios de la época Caná pasa a llamarse Huru (el país de los hurritas, cerca de 1750 a. C.). Florece el comercio (manufactura y materia prima para la industria artesana como colorantes para la cerámica, minerales metálicos traídos desde muy lejos…); el bronce se usa sobre todo para armas y armaduras. Hay una prosperidad económica e incremento de la población, y aparecen más ciudades, o se repueblan algunas ya existentes. Pero los grandes faraones egipcios del Imperio Nuevo lo invanden y dominan[12].

Los hititas forman un imperio al norte, en Anatolia: hacen frente al poder faraónico y establecen cabezas de puente en Canaán y Judea. Hay también rencillas entre cananeos y los hapiru (grupos de hombres armados) y hay una época de discordia en la que decae la cultura y reina el miedo. Hay menor producción por lo que tienen que importar muchas cosas como cerámica.

Los egipcios cuentan (en las cartas de Amarna, del archivo de Ajenatón-Amenofis IV) que la anarquía se apodera de Canaán en el siglo XIV a.C. No pueden dominar el paso de Canaán por causa de los hititas, hasta que Ramsés II hace un tratado de paz perpetua, y el Nahar al-Kalb, río que desemboca entre Biblos y Beirut, separará las regiones dominadas por los hititas, al norte, de las que dominará Egipto, al sur; así Canaán queda bajo la dominación faraónica una vez más. Pero poco después sufrirán una decadencia ambos imperios (ca. 1250 a.C.).

Los Pueblos del Mar serán los nuevos invasores: desembarcan en la costa con armas de hierro, y se adueñan de la costa de Canaán. Parece que de ahí pasó a llamarse la tierra de los filisteos (‘invasores’), aunque también hay otros grupos como son los tjekker, dananeos y shardana. Ramsés III destruyó muchos sitios cananeos. Y los filisteos asumieron las costumbres locales y dominaron la región hasta la conquista asiria de Tiglatpileser III en el año 732 a. C. Luego fueron sometidos y asimilados a las culturas dominantes locales.​ Las cinco ciudades filisteas principales eran Gaza, Ashdod, Ekron, Gath, y Ascalón. Los israelitas logran con el tiempo dominar todo el territorio, aunque precisamente el antiguo Canaán, la zona costera, será lo último en caer en sus manos; y con esta victoria finaliza la historia de antiguo Canaán.

Pero el adn de los cananeos siguió transmitiéndose por generaciones y hoy es predominante en todos los libaneses; en la Biblia se identifica a Canaán con el Líbano (como la ciudad de Sidón), y el territorio hacia el sur: Gaza hasta el «Río de Egipto» y hacia el Este hasta el Valle del Jordán, todo lo cual coincide con la «Tierra Prometida» de los judíos, que van conquistando.

En la época de dominio persa, el nombre de «cananeo» pasó a designar al «fenicio de Tiro», como sinónimo de ‘negociante’ o ‘mercader’ (Isaías 23,8). En la simbología de la Torah, la genealogía para los pueblos cananeos era la descendencia de Canaán, hijo de Cam[13]. Fue la tierra conquistada por Israel (Levítico 18,3)[14].

Según el Éxodo, la salida de Egipto de las tribus hebreas concluyó con la conquista de Canaán hacia 1400 a. C., en un proceso lento, que duró varios decenios. Las doce tribus de Jacob se instalan en esa tierra, y sus descendientes (judíos y samaritanos) se caracterizarían por luchar contra el politeísmo cananeo (los «dioses del materialismo» como El, Baal[15], Asera…) y por el monoteísmo hebreo. Es ésta la segunda conquista de Canaán por parte de Israel. Entre los hebreos, decir «raza de Canaán» era equivalente a un insulto (Daniel 13,56). Pero es difícil compaginar esta tradición con los hallazgos, parece que la cultura israelita es una parte dentro de los demás pueblos semíticos de la zona.​

La cultura israelita

La cultura israelita es así una parte de la familia de pueblos semíticos que tienen una larga historia y una presencia significativa en la región del Oriente Medio. Los pueblos semíticos comparten raíces lingüísticas y, en muchos casos, comparten también elementos culturales, históricos y religiosos. La cultura israelita se desarrolló a lo largo de milenios en la región que ahora conocemos como Israel y Palestina. Su cultura se alimenta de su historia sagrada, narrada en la Biblia y otros textos (incluye momentos clave como la esclavitud en Egipto, el éxodo, la conquista de la Tierra Prometida y la construcción de los Templos en Jerusalén).

La religión juega un papel central en la cultura israelita. El judaísmo es la religión principal, y la Torá (la ley escrita) y otros textos sagrados son fundamentales para la identidad y la práctica religiosa. Además, el cristianismo, y en menor medida, el islam, también tienen raíces en la tradición israelita, ya que comparten algunos textos y figuras religiosas comunes.

El hebreo es la lengua histórica del pueblo israelita y se ha revitalizado en tiempos modernos como lengua oficial de Israel. Además del hebreo, el árabe también es hablado en la región, y hay comunidades de hablantes de otras lenguas.

La cultura israelita también ha sido influenciada por las interacciones con otras culturas a lo largo de la historia, incluyendo las culturas egipcia, asiria, babilónica, persa, griega y romana, entre otras. La diáspora judía ha llevado la cultura israelita a diversas partes del mundo, lo que ha enriquecido aún más su diversidad cultural.

En resumen, la cultura israelita es una parte integral del rico y complejo mosaico de culturas semíticas en el Oriente Medio, con una historia que abarca milenios y que ha dejado una profunda huella en la región y en el mundo.

En el ambiente de Jesús no había esa enemistad, pues vemos en el Evangelio de Mateo y el de Marcos que destacan a Simón el Cananeo, refiriéndose al apóstol Simón (también conocido como «el zelote»), uno de los 12 discípulos directos de Jesucristo.

Aspectos culturales de Canaán

Aspectos culturales de Canaán: el alfabeto. Tiene tanto cultura escrita y literatura, y ha sido un foco de la cultura de nuestra historia; hay documentos en egipcio, acadio, y dialectos semitas cananeos en distintos sistemas de escritura, simplificando los complejos métodos como el jeroglífico egipcio y el silábico cuneiforme (con millares de signos, respectivamente, y con varias lecturas para un signo a veces); así, se llega al silabario de Biblos, con solo un centenar de signos diferentes. El gran hallazgo es el alfabeto (se llega por los signos cuneiformes de Ugarit con sus consonantes y el alef con los tres sonidos vocálicos, y el alfabeto del sur o cananeo que a partir de signos egipcios da origen al cananeo). De ese alfabeto derivarán el griego y el latino. La lengua cananea es un dialecto arameo, muy próximo al hebreo. Están emparentados con las grandes lenguas semitas, árabe y acadio.

El arte de los cananeos es muy pobre; no hay arquitectura monumental ni ornamentación en los edificios. Los templos o palacios son pobres, sin capiteles ni entallados en las puertas…. no hay escultura salvo algunos relieves y pequeñas figuras (dioses), trabajos de marfil y modelados de cerámica y terracotas[16].

La religión de Canaán reza al dios El[17] (consta ya en el siglo XXII a.C.); luego se difundiría entre asirios y babilonios. Considerado padre de Baal, representado por un toro joven[18]. Baal significa “dueño” o “señor” y pasó a llamarse Hadad, “el dios de las lluvias”[19]. Los antiguos hebreos ya habían vivido en Egipto bajo la influencia del culto al dios El (difundido por los hicsos: Ezequiel 20,8). Y a la vuelta a Canaán, la Tierra Prometida, los hebreos estaban rodeados de pueblos que adoraban al mismo dios El-Il-Dagan y a su hijo Baal-Hadad-Hammon; y la excusa para las sus guerras de aniquilamiento contra los pueblos vecinos era quitar el culto pagano a «los Baales» para servir al Dios único Yahvé, y vivir en justicia, verdad, rectitud y compasión, conceptos que los hebreos aplicaban a sí mismos, en lugar del engaño de esas idolatrías.

En resumen, Fenicia o «país de la púrpura roja», junto a Palestina, el Líbano y Siria forman ese pueblo de Canáan, con su puerto fenicio Ugarit (Ras Shamrá) en la costa norte de Siria (milenio VII-VI, con apogeo en ss. XVI-XIII a.C.). Lugar de paso, recibió el influjo de los egipcios y de los hititas, y en el s. XII fue dominada por los «pueblos del mar» y desapareció diluido entre los pueblos dominantes.

La arqueología nos hace comprender mejor muchos pasajes de la Biblia, y el contraste que tiene el profetismo bíblico con las tradiciones de esos pueblos: nace un pueblo que se sabe escogido por el único Dios, pero que tiene sus raíces en esos pueblos que forman el conglomerado al que se llamó un día Canaán.

[1] La Iglesia ha ido depurando ciertas expresiones antisemitas que tenía en su historia.

[2] Por desgracia, Islam ha estado en conflicto con los pueblos vecinos desde el inicio, en el siglo VII. O mejor dicho se han basado en el islam para su afán expansionista. Pero incluso en la ocupación de España, hubo interacción pacífica entre las culturas. Si estamos en Europa, lógicamente tendremos una visión eurocéntrica, y nos puede costar ver la perspectiva de los países de otras culturas; quizá no recordamos la historia que no sólo ha tenido episodios tipo invasiones árabes o batallas como Lepanto, sino también colonialismo europeo invasivo hacia las culturas de países islámicos. Es decir que el contexto histórico era propenso a las guerras. Y el modo de afrontar esa pugna con ciertos países islámicos no ha sido acertada: las intervenciones armadas en Oriente Medio de los últimos tiempos no han arreglado nada, al revés: Afganistán está ahora ocupada en manos de talibanes, y el apoyo de Estados Unidos a Al Qaeda y otros grupos islamistas en la defensa de Afganistán contra el expansionismo de Rusia tampoco acabó bien. Ni Irak mejoró después de la guerra, ni tampoco otros países. Irán, que fue aliado de Estados Unidos, está capitaneando ahora el conflicto con Israel.

[3] Después del holocausto de la Segunda Guerra Mundial, se divide la tierra palestina proporcionalmente a la población que la habitaba, y la ONU apoyó la creación del Estado de Israel de nuevo y del territorio al que llamaron Palestina (que hasta entonces no existía sino como parte de otros territorios). Se quería el reconocimiento de los dos Estados, el Palestino y el de Israel, pero se opuso la alianza de países árabes: el problema se fue aplazando en el tiempo, surgieron conflictos con los países colindantes y mientras tanto el mapa fue sufriendo cambios, el pueblo palestino quedó a los dos lados de Israel.

[4] Se consiguió que muchos países, incluso Egipto reconocieran el Estado de Israel (este año se cumple medio siglo de la Guerra de Yom Kipur, después de la cual Egipto firma los acuerdos de paz con Israel), y ello consolidó su legitimidad. Los tratados de paz después de las guerras, y la labor de la diplomacia, se ha ido alternando con las acciones bélicas por parte de Israel y los países colindantes.

[5] El grupo terrorista Hamas, que acaba de atentar de modo despiadado asesinando a 1300 personas de Israel el 8 de octubre de 2023, la mayoría civiles incluyendo bebés a los que han torturado.

[6] Para que no haya terrorismo, tendrá Israel que promover que los pueblos palestinos tengan gobierno propio, no sean títeres de potencias extranjeras anti-israelitas, que Gaza no sea una cárcel a cielo abierto pero sin caer en la ingenuidad de dejar que sea un avispero de terroristas. Un tema complejo por tanto, donde la seguridad nacional tiene que ir unida a la diplomacia y el diálogo.

[7] Estados Unidos siempre facilita ese apoyo a Israel, vigilante de que Irán, la potencia que está detrás de la organización del terrorismo anti-israelita, no actúe directamente en el conflicto. Además, las desavenencias entre Irán y Estados Unidos han llevado a que el portaviones Gerald Ford esté en el mediterráneo delante de la costa de Israel. Desde la Revolución Islámica de Irán (1979), precisamente al derrocar al régimen del Shah con apoyo de Estados Unidos, se estableció una república islámica en Irán bajo el liderazgo del Ayatolá Jomeini, y el asalto ese año de la Embajada de EE. UU. en Teherán fue la rotura de esas relaciones. El apoyo al año siguiente a Irak en el conflicto con Irán generó más hostilidad entre los dos países. Cuando Irán quiso un programa nuclear, las sanciones contra ese país provocaron que las negociaciones internacionales dieran el Acuerdo Nuclear de Irán en 2015. Los ataques y conflictos regionales de la zona, involucran siempre a Irán y Estados Unidos. En resumen, son relaciones muy complejas, y ahora puede influir lo que pasa en el conflicto palestino-israelí.

[8] Datos de Wikipedia.

[9] En el trazado de las ciudades hay un destacado interés urbanístico: alcantarillados, calles rectas y bien trazadas, armonía de edificios públicos con las viviendas particulares, etc. Esta disposición urbanística es nueva por completo en Canaán y exige una fuerte autoridad interna. Desgraciadamente faltan los documentos escritos que permitan reconstruir la historia durante los casi nueve siglos que duró esta civilización sin variantes (Wikipedia).

[10] Por ser lugar de paso, hay destrucciones de esas ciudades, y reconstrucciones.

[11] Entre estas expediciones hay que destacar la de Sesostris III (ca. 1850 a. C.)

[12] Tutmosis III, ya en el siglo XV a. C., invadió triunfalmente Canaán por el camino del mar, y ocupó Yajó (Joppe), Lidda, Gézer, Megiddo y Ta’ának, convirtiendo en feudatarias a todas las ciudades.

[13] Según el Antiguo Testamento Canaán era hijo de Cam y nieto de Noé. Canaán recibe una maldición de su abuelo cuando Cam su padre, vio a Noé ebrio y desnudo.​

[14] Hay documentación en las cartas de Amarna (ca. 1480-1450 a.C.) y del culto a Dagan entre los habitantes de Canaán, e introducida en Egipto en época de los hicsos. El culto al dios El era propio de los pueblos cananeos en el siglo XXII a.C. Luego se difundiría entre asirios y babilonios. Era la deidad principal, el rey, creador de todas las cosas, el juez que dictaba lo que debían hacer tanto los hombres como los dioses  (Wikipedia).

[15] Es impresionante el duelo entre el profeta Elías y los sacerdotes de Jezabel (1 Reyes 18,20-39): consistía en prender la leña donde se había sacrificado un buey, el dios que invocando lograra prender el fuego sería el verdadero. Las oraciones a Baal (cananeo) no encendió el fuego, y Yavheh envió fuego del cielo que quemó el altar de Elías previamente mojado con mucha agua. Se mataron a los sacerdotes de Baal.

[16] La mayor pieza hallada en Canaán entre las esculturas de piedra es el ídolo del templo de Hasor de la época del Bronce Reciente (ca. 1500 a. C.) que no llega al tamaño natural. Los idolillos y exvotos hallados en los santuarios, especialmente baales de Ugarit, y tablillas de la diosa de la fecundidad halladas en todas partes, nos hablan de un arte de origen remoto mesopotámico, pero de ejecución egipcia. Tanto los idolillos como las plaquitas son de algunos centímetros de altura. Una excepción puede ser la estela de la diosa serpiente de Tell Bayt Mirsim. Los marfiles tallados recuerdan los egipcios, aunque ya se ven influjos mesopotámicos e incluso elementos de los nómadas del desierto.

[17] Era la deidad principal, el rey, creador de todas las cosas, el juez que dictaba lo que debían hacer tanto los hombres como los dioses. Dadas esas características, para algunos, El era el apelativo con que se designaba por antonomasia a Dagan (dios de los cereales).

[18] En Ugarit el templo de Dagan y el de Baal estaban juntos.

[19] En las tablas de Ugarit figura también como el esposo (o hijo) de la diosa Asera (la madre de todos los dioses, la esposa celestial).El pueblo de Israel ha sufrido mucho, y es resistente. El pueblo de Gaza está dominado por Hamás, que tiene odio a los judíos y es tenaz en su lucha CLIC PARA TUITEAR

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.